Fondo de maniobra negativo, ¿señal de alarma?

Ester Ansótegui
Asociada júnior

A la hora de evaluar la situación financiera en la que se encuentra una empresa, conviene adoptar un enfoque dinámico que agrupe el comportamiento financiero del sector y los aspectos cualitativos que pueden dar soporte a la compañía en un momento dado, como son la generación de valor añadido, la relación con los clientes y proveedores o la imagen de marca.

Sin duda, la información financiera constituye una parte esencial del diagnóstico al ofrecer indicadores de comportamiento comúnmente aceptados en el análisis de riesgo y sistematizados por las agencias de rating para la medición de la probabilidad de impago.

El análisis de estos ratios e indicadores tiene por finalidad condensar la información de los estados financieros en un conjunto relativamente reducido de cifras con significado económico. Así, podemos clasificarlos en:

  • ratios de estructura financiera,
  • ratios de cobertura de la deuda,
  • ratios de solvencia a corto plazo y
  • ratios de estructura de activo y rentabilidad.

En concreto, los ratios e indicadores de solvencia a corto plazo resultan críticos para evaluar la solidez de la estructura financiera de una empresa para cubrir sus necesidades de negocio más inmediatas, lo que proporciona una visión global de la calidad de la compañía en su política de cobros, pagos y acceso al mercado.

Dentro de esta categoría, nos centraremos en el fondo de maniobra, también conocido como fondo de rotación o capital circulante. Se calcula como diferencia entre el activo corriente (es decir, los activos a corto plazo de la empresa) y el pasivo corriente (esto es, las deudas y obligaciones exigibles en un plazo inferior al año) e indica si la compañía posee recursos suficientes para cubrir sus obligaciones de vencimiento más próximo.

Como norma general, el fondo de maniobra ha de ser positivo, con un activo corriente superior al pasivo corriente ya que, de lo contrario, la empresa se puede encontrar con problemas de liquidez para hacer frente a los pagos del corto plazo, y ello podría derivar en necesidades de reestructuración financiera o, en casos más complicados, en situación de concurso de acreedores.

Sin embargo, un ratio o indicador financiero no tiene un único valor correcto o recomendable, ya que depende de otros factores, como el sector en el que opera la empresa y el acceso a financiación. En ese sentido, no siempre un fondo de maniobra negativo es indicio de la existencia de problemas de liquidez.

En cuanto al sector de actividad, sirva como ejemplo el sector de la distribución. Los hipermercados y las superficies comerciales suelen tener un fondo de maniobra negativo por la propia operativa del sector: estas empresas cobran a sus clientes al contado (tarjetas de crédito y metálico, principalmente) y pagan a sus respectivos proveedores en amplios plazos de tiempo. En consecuencia, el activo corriente es más bien reducido al no contar con cifras elevadas de derechos de cobro de clientes, mientras que el pasivo corriente es mayor por los créditos con los proveedores. No obstante, disponen de grandes cuantías de efectivo al cobrar al contado, lo que evita tensiones de liquidez y permite financiar sus activos fijos.

Otro sector que se puede mencionar es el de la fabricación de helados. Se trata de una venta de carácter estacional en la que casi toda la actividad se concentra en verano. De ahí que, si analizamos su fondo de maniobra, variará en función de la época del año, mostrando valores positivos y de cuantía elevada en la época estival y cifras negativas en invierno. Y en ningún caso eso es un reflejo de problemas de liquidez, sino de la propia operativa del sector y de la estacionalidad del producto.

En relación con las posibilidades de acceso a financiación, una empresa puede presentar un fondo de maniobra negativo por ser el activo realizable inferior al pasivo a corto plazo y, sin embargo, poder acceder a la financiación necesaria para atender sus obligaciones. A su vez, la probabilidad de obtener crédito depende de diversos factores sobre los que la empresa no tiene capacidad de ejercer influencia. Estos factores son el grado de aversión al riesgo de los acreedores y financiadores potenciales, el nivel de los tipos de interés, el entorno económico del país en el momento considerado, así como el propio sector de actividad.

En términos generales, una empresa tiene buena salud financiera cuando el fondo de maniobra es positivo. En caso contrario, si el fondo de maniobra presenta valores negativos, puede ser una señal de dificultades financieras por falta de recursos suficientes para cubrir las obligaciones de corto plazo. No obstante, en determinados casos concretos, como los que se han analizado previamente, esta regla no se cumple. En realidad, para poder conocer con exactitud cuál es la situación financiera de una empresa en cuanto a su solvencia a corto plazo, es indispensable estudiar también el sector al que pertenece la compañía y su funcionamiento y las posibilidades de acceso a nueva financiación.